[Cuento] Favela

15:21

¿Era tu hermano gemelo? ¿Tal vez tu amigo imaginario? ¿Era real o una alucinación? No lo sabías. Te acosaba. Te seguía y te acechaba. Por la noche, cuando caminabas por las calles desiertas, sentías su presencia. En ocasiones, escuchabas su voz susurrarte cosas que te aterraba repetir. Palabras que ni siquiera podías articular, pensamientos que no podías crear. Él era real, él no era parte de ti. Y él nunca te dejaría.

Fue en una de esas noches sin luna en la que pensaste matarlo. Estabas harto de oír sus pisadas siguiéndote a dónde fueras. Su mirada fija cuando hacías el amor con Ana te tenía enfermo. Su aroma a tabaco te provocaba náuseas. 

No, él no era parte de ti. Te lo repetías incansablemente, porque si lo olvidabas, el reflejo en el espejo se fusionaría contigo y el daño sería irreparable.

Planeaste el crimen. Incluso compraste una pistola y buscaste un arrabal en el mapa, todo para asegurarte de que nadie sospechara de un cadáver sin identidad. Caminaste a media noche hacia el lugar que habías elegido, hiciste que él te siguiera y pensaste en cómo sería estar con Ana sin su interferencia. Recordaste el sabor de su piel e imaginaste sus ojos cristalinos mirándote solo a ti, sin la distracción de una tercera presencia. Sonreíste. Era el momento.

Lo único que se escuchó fue un disparo, no más. El charco de sangre manchó las flores de la banqueta y fuiste incapaz de apartar la mirada. Te quedaste ahí, quieto, y él encendió un cigarro. Dejó ir el humo y aspiró el aroma. El olor a tabaco le gustaba tanto como el sabor de la piel de Ana.

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